lmorzábamos en el beach club de Sublime Comporta, con el Atlántico como telón de fondo, cuando Gonçalo Pessoa recordó el momento que cambiaría su vida: “Visitamos Comporta por primera vez en 2001 con mi mujer, Patricia Trigo. Era un lugar virgen, con playas infinitas y ese silencio tan especial que lo envuelve todo. Compramos un terreno para construir una casa de vacaciones, pero el proyecto tomó otro rumbo”. Años después, esa casa se transformó en el primer eco hotel de lujo de la zona. Uno que no presume de ostentación, sino de raíces.
Piloto más de dos décadas en TAP Air Portugal, viajero incombustible y confeso Aman junkie (término que describe a los clientes leales de los resorts de lujo Aman), Pessoa conocía bien el arte de la hospitalidad discreta. “Dormíamos cientos de noches al año en hoteles. Esa fue nuestra verdadera escuela de hospitalidad”, recuerda. Lo que comenzó como un refugio familiar se convirtió de repente en Sublime Comporta: un hotel boutique que abrió en 2014 con 14 habitaciones, restaurante y spa, y que hoy se amplía fiel a una visión que combina respeto por el entorno, sostenibilidad real y una nueva forma de habitar el lujo.